aquella mujer minúscula
que vivía en la casa de al lado
cándida
los gritos a sus tres hijos
los bocadillos
por las tardes
mi madre cuidándola
en la cama
su voz mínima
tras la máscara de oxígeno
diciéndome
diciéndome
me gustaría llegar hasta el día de tu comunión
yo era un niño de seis o siete años
no entendía muy bien que pasaba
y llegó la muerte
y se la llevó en sus brazos
unos años más tarde
visité su lápida
en el cementerio
una bofetada en la cara
demasiada realidad para un adolescente
un puñetazo
un puñetazo
su foto circular sobre el mármol
las fechas
el nombre
tuve que salir
del camposanto
mareado
y sigo recordando sus palabras
una meta
llegar hasta un día concreto
una excusa para seguir adelante
aunque ya no tuviera sentido
intentaba engañar a la muerte
como hago yo cada día
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