martes, 8 de diciembre de 2015

cándida

aquella mujer minúscula
que vivía en la casa de al lado

cándida

los gritos a sus tres hijos
los bocadillos
por las tardes

mi madre cuidándola
en la cama

su voz mínima
tras la máscara de oxígeno
diciéndome 

me gustaría llegar hasta el día de tu comunión

yo era un niño de seis o siete años
no entendía muy bien que pasaba

y llegó la muerte
y se la llevó en sus brazos

unos años más tarde
visité su lápida
en el cementerio

una bofetada en la cara
demasiada realidad para un adolescente
un puñetazo

su foto circular sobre el mármol
las fechas
el nombre

tuve que salir
del camposanto
mareado

y sigo recordando sus palabras

una meta
llegar hasta un día concreto
una excusa para seguir adelante
aunque ya no tuviera sentido

intentaba engañar a la muerte


como hago yo cada día

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