martes, 8 de diciembre de 2015

llegué casi corriendo

llegué casi corriendo
era tarde y me entretuve
probándome ropa delante del espejo
quería estar guapo
aun así fui caminando

siempre llego tarde

solo hacía diez días que nos conocíamos
pero nos habíamos visto casi a diario
nos habíamos hecho el amor salvajemente
nos habíamos comido a besos
habíamos dormido abrazados

me sentía raro
un hombre de cuarenta años
una historia tan adolescente
era raro

él vino al bar donde trabajo
cruzó unas miradas
me saludó con la mano
y me dejó su número apuntado
en una servilleta
de papel

lo vi de lejos
me esperaba en la parada del bus
levanté la mano
sonrió muy contento
una sonrisa enorme
me derretía verlo
y ya sólo quería abrazarlo

me cogió de la mano
y me dijo si quería cenar algo
yo le dije que cualquier cosa
un bocadillo en cualquier bar
no tengo dinero

sentados
charlamos amigablemente
como siempre
de cómo fue el día
de viajes
anécdotas
risas

no hagas planes para el sábado
me gustaría que pasáramos
el día
juntos ( miro sus enormes ojos marrones)

de pronto
la noticia

mira
yo estoy en una historia

mi mano se aleja de su pierna
y se me saltan las lágrimas

ya no oigo lo que dice
me da igual
creo que algo sobre que no está bien
con su pareja
y etcétera
ya he oído esas pamplinas antes

me gustas mucho (blablablá)
y me gustaría seguir viéndote
igual que hasta ahora (blablablá)

en resumen
ser su amante

a mí me gustaría partirte la cara
y borrarte esa puta sonrisa (pienso)

le miro inexpresivo
y me pregunta si sigue en pie
lo del sábado

sí, claro
(le digo)
que te jodan
(Pienso)

mira (dice)
una vez leí
algo que dijo alguien famoso
no recuerdo quién
algo así como
tal vez seas el hombre de mi vida
pero no es el momento adecuado (y se ríe)

¿en serio?
¿en serio?
¿hacía falta decir eso?
esa mierda
esa puta mierda
¿ese va a ser el último recuerdo?


me tengo que ir
como sea
solo hace diez días que lo conozco
y no quiero que me vea llorar
no soy un adolescente
mierda
mierda


no te vayas así
tranquilo
vamos a casa y dormimos juntos
(¿dormir juntos?)

estoy bien

y me voy rápido por la calle abajo
sin mirar atrás
buscando mi casa

me sentía raro
un hombre de cuarenta años
una historia tan adolescente

hay cosas que te hacen sentir vivo
de nuevo
aunque sea algo absurdo
y adolescente

llego a casa

mañana
será otro día

(pienso) 

los bares de barrio

los bares de barrio
suelen ser frecuentados
por averías sociales
según afirma
un cliente que suele frecuentar
el bar donde trabajo

le pregunto por el concepto
y me responde
con ejemplos

silvia, la travesti vieja
y tartamuda
que vive en su mundo
(entre veinte y treinta años atrás
quizá más)
que siempre toma cortado

el gallego
un friki
que siempre bebe café con leche
que dice que es un artista famoso
y se cuela en eventos
para hacerse fotos
y las enseña
diciendo
¿ves cómo soy famoso?


el poli (guapo)
que no puede parar de hablar
y que cuenta sus cosas
demasiado personales
con todo lujo de detalles

averías sociales
curioso concepto

frente a las vías

en el andén
esperando la entrada
del tren de blanes
te pregunté
si no  tenías una extraña sensación
como si algo te dijera
que te tiraras a las vías
justo cuando veías la locomotora llegar 

tú me dijiste que sí
que te pasaba a menudo
pero que tampoco sabías
si era locura

entonces te miré a los ojos
seguían brillando
como la última vez
que los había contemplado

hacía mucho tiempo
que no te miraba a la cara

repasé tu boca
tus cejas
tus orejas

seguías teniendo
cara de hámster

te lo dije
y te reíste
te hacía mucha gracia
que te lo dijera

lo había olvidado

por un momento
volví a pensar
que estábamos juntos en esto
tal vez fue la última vez

no era una despedida

no era una despedida
era un hasta pronto
en un mes volvería a estar en la ciudad
pero me trajo envuelto en un papel marrón
improvisado
una pequeña libreta

me la dio rápido
con vergüenza
no se atrevió a mirarme a la cara

toma
para que escribas tus cosas
mis cosas

le cogí de la mano y tiré de él hacia mí
le abracé
apretando muy fuerte su cuerpo

me dijo que llegaba tarde a trabajar
le acompañé hasta el ascensor
y justo antes de cerrarse las puertas
me miró 

aquellos ojos llenos de pena
y miedo

me había vuelto imprescindible en su vida
no soportaría perderme ahora

entré en casa
cerré la puerta
tenía su mirada grabada en mis ojos
asustada
como la de un niño

tenía que haberle dicho
lo mucho que le quiero

recuerdo verla subir las escaleras

recuerdo verla subir las escaleras
a sus ochenta y muchos años
como una diosa blanca
corpulenta
de cabellos rubios
casi blancos

recuerdo caminar tras ella
en la escalera
y ese olor a orín
y su falda manchada

le llevaba la compra para ayudarla
o le preguntaba por su salud
y ella lloraba de agradecimiento
o de pura pena

aquella mujer sola
de deslumbrantes ojos azules

me hubiera gustado abrazarla
alguna vez
pero no lo hice
qué cobarde

los higos

me esperaba sentada en el coche
abrí la puerta del conductor
y ella estaba comiendo algo

qué comes mamá

higos

de dónde los has sacado

de ese campo

sin parar de comer
señaló un huerto
que había justo enfrente

mamá
no puedes hacer eso
nos llamarán la atención

que vengan y me abran la panza

rió traviesa

por un momento
aquella abuela triste
volvió a ser la niña 
que robaba fruta
en los llanos de su pueblo


reímos juntos
un rato
allí sentados los dos

lo echaba de menos 

cándida

aquella mujer minúscula
que vivía en la casa de al lado

cándida

los gritos a sus tres hijos
los bocadillos
por las tardes

mi madre cuidándola
en la cama

su voz mínima
tras la máscara de oxígeno
diciéndome 

me gustaría llegar hasta el día de tu comunión

yo era un niño de seis o siete años
no entendía muy bien que pasaba

y llegó la muerte
y se la llevó en sus brazos

unos años más tarde
visité su lápida
en el cementerio

una bofetada en la cara
demasiada realidad para un adolescente
un puñetazo

su foto circular sobre el mármol
las fechas
el nombre

tuve que salir
del camposanto
mareado

y sigo recordando sus palabras

una meta
llegar hasta un día concreto
una excusa para seguir adelante
aunque ya no tuviera sentido

intentaba engañar a la muerte


como hago yo cada día

mientras le abrazaba

mientras le abrazaba 
en aquel incómodo camastro
no podía dejar de sentir cierto rencor

no le perdonaba que unos meses antes
me dijera
que no quería nada serio

pero allí estaba de nuevo
en sus brazos

era uno de esos días en los que mi vida parecía vacía
y necesitaba el calor de un cuerpo humano

cualquier tipo que quisiera echar un polvo
y luego abrazarme un rato
me servía

pensé que no había sido buena idea ir aquella noche
a aquella habitación
todo resultó demasiado frío

con una excusa vaga me vestí
y salí de aquel piso
con la misma sensación hueca que había llegado

caminando hacia mi casa repasé la agenda del móvil
suspiré
lo guardé en el bolsillo
y seguí caminado

como tú

llegó arrastrando una de esas maletas
con ruedas
recorrió toda la barra
y se sentó al final

bajito
con gafas
pálido

fui hacia él
y le pregunté
como de costumbre
si quería algo

sin mirarme
me pidió un whisky
cualquiera
sin hielo
doble

y se lo bebió casi al trago

me llamó de nuevo
me preguntó mi nombre

francisco
dije

pues francisco
ponme otro igual

se lo serví
y lo tragó de la misma manera

ya estaba borracho

este tipo no  está acostumbrado
a beber
pensé

al rato
con voz gangosa
gritó
francisco

me acerqué

¿sabes de dónde vengo?

no
(ni me importa)

del seminario

(lo sabía
este tío
es un perfecto imbécil)

lo he dejado
¿sabes por qué lo he dejado?

dime

porque soy como tú
(señalándome)

crucé los brazos
separé un poco las piernas
fruncí el ceño

¿como yo?

como tú
maricón

no sabía
que no podías ser cura
siendo marica
he conocido
unos cuantos

me miró desconcertado

y yo me dirigí
al otro lado de la barra
a hacer cosas mejores